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domingo, 30 de junio de 2019

EN 5 AÑOS DE 500...

Son muchas las experiencias que se viven en 5 años:  un bebe, aprende a gatear, caminar y hasta llega al preescolar; un pre adolescente se convierte en adulto y termina su ciclo de estudios escolares, un pequeño plantón -con el cuido necesario- se convierte en un arbusto capaz de sobrepasar la adversidad del entorno hasta llegar a ser un árbol.  Pero también en 5 años, se puede transformar una ciudad....

Esa fue la tarea que hace 5 años, me invitó a desarrollar junto a él, José Isabel Blandón.  Era todo un desafío cuando como ciudadanos estábamos acostumbrados a la ciudad agresiva, aspirando a que mejorara, pero sin que nadie quisiera ceder de sus espacios conquistados en su pequeño espacio de ciudad.  Abordar el intrincado tema de las inundaciones, culpándonos unos a otros, sin que nadie fuese responsable; la recuperación del espacio público, la salud y cuido del arbolado urbano; el desarrollo de procesos culturales vistos y entendidos más allá de eventos específicos, sino desde la creación de procesos de pertenencias y empoderamiento social.  Y el principal reto de todos, crear por primera vez desde la autoridad local, el plan de ordenamiento de la ciudad, con  una visión integrada mucho más allá del usualmente entendido "uso de suelo", sino visto desde la gestión ambiental, social, inversión pública, integración de los espacios públicos y de conservación a las áreas desarrollables y con visión de riesgo.  Todo esto y más en un plan de 5 años de gestión , con una proyección a 20 años en la implementación de los diversos proyectos extendidos en el tiempo.



Y así transcurrieron 5 años con el apoyo de muchos aliados locales e internacionales, que atraídos por la capacidad de trabajo y la visión clara, se sumaron en el proceso de transformar nuestra ciudad.  No hubiésemos podido lograr tanto sin ayuda de la cooperación internacional, o los fondos no reembolsables de la banca internacional o el conocimiento técnico y recurso humano de academias, universidades e instituciones de ciencia e investigación.  Sin embargo, considero que de los frutos más valiosos de estos 5 años, construir ciudadanía a través de los procesos de participación y discusión de proyectos, planes de ordenamiento, elaboración de murales artísticos, deliberaciones en presupuestos participativos, fue de los resultados más enriquecedores y estimulantes.  No era fácil someterse cada vez al escrutinio público, a la crítica - a veces respetuosa, a veces no tanto- al cuestionamiento, pero después de superado todo ello,  aunque el proceso no fue fácil, fue altamente enriquecedor y nos dejó avances en la construcción de puentes entre ciudadanos y sus autoridades, entre voluntades y acciones concretas.

Grandes retos aún por atender: la continuidad en el seguimiento a los problemas de riesgos en la ciudad, ya identificadas acciones y soluciones; continuación de la recuperación de espacios públicos, parques, aceras; ampliación de los programas de movilidad no motorizada en la ciudad; implementación de normas que quedan para aprobación del Concejo Municipal y lograr así mayor coherencia entre lo que se planifica y lo que se aprueba en campo; extender el inventario y mantenimiento arbóreo, con el debido reemplazo de las especies más aptas en el desarrollo urbano,  el fortalecimiento del programa Basura0, que pase de proyectos pilotos a la implementación de las políticas y estrategias en los 26 corregimientos; en fin, solo sembramos la semilla, construimos los pilares, afinamos los motores....como se quiera decir, la transformación de la ciudad empezó, debe avanzar y no se puede permitir retroceder.  Además dejamos todo listo para la celebración de 500 años de ciudad, una ciudad multicultural, multiétnica, biodiversa, una ciudad maravillosa.

Luego de 5 años- en los que cumplí 50 y la ciudad cumple 500,  (nada es coincidencia) ...puedo decir que han sido los más desafiantes de mi vida, pero también los más gratificantes.   Me siento profundamente orgullosa y agradecida de haber servido a mi ciudad, a mi país a través del honroso cargo de servidora pública, electa como vicalcaldesa de la ciudad de Panamá.  Gracias a Jose Blandón, por haberme invitado a ser parte de su fórmula con visión de ciudad, a los votantes que depositaron en nosotros la confianza y al trabajo incansable y comprometido de colegas y compañeros de trabajo en esta maravillosa aventura, que nos permitió consolidar a Panamá, como una ciudad más humana, sostenible y global. Gracias Ciudad de Panamá!!

domingo, 17 de junio de 2018

UNA MIRADA HACIA ADENTRO



Crecí con moños y trenzas que me tejían mi abuela y mi mamá; a los 9 años estaba desesperada porque me alisaran el cabello.  Soñaba con que se moviera "libre con el viento" y que los niños en la escuela no me halaran los moños, pero mi papá se oponía terriblemente.  

Fue cuando tenía 11 años y empezaba el segundo año de secundaria, que finalmente me deshice de lo que sentí que me esclavizaba y al fin mi cabello se movió libre con el viento.  Me sentía liberada e igual a mis amigas.

El pasado mayo, durante la celebración del mes de la etnia negra, decidí trenzarme el cabello con la técnica de croché para celebrar el día de las trenzas.  Jamás imaginé el impacto que esto tendría en la forma de verme y reconocerme.  Plashka quien usa su cabello afro desde hace varios años, me presentó a Ileana, otra chica con una historia maravillosa detras de sus trenzas y espectacular cabello rizado, pero que ademas es una artista del estilo afrodescendiente; puse mi cabeza en sus manos.

Durante las 4 horas que duró el peinado, conversamos de los procesos de autoreconocimiento de nuestra etnia en nosotras y por la que cada una había atravesado de diversas formas.  Cuando estuve lista, casi no me reconocía, me veía NEGRA.... Sí, siempre lo fui, pero el cabello, el marco de tu rostro, define muchas cosas, entre otras un estilo.  En Panamá considero que somos más hispanos, que caribeños y por eso nos diferenciamos de nuestros hermanos antillanos, en modos y costumbres, a pesar de ser también del Caribe.  Al trenzarme me sentí deslatinizada y 100% afrodescendiente.

Para el Festival de Africa en América, esa noche, me sentí como reina etíope y disfrute mucho "el flow";  sin embargo, el lunes cuando me vestí para trabajar, viéndome al espejo me dije: este peinado no combina con la ropa de trabajo"-tal vez acostumbrada a pensar que las trenzas son para la playa, vacaciones en Cartagena y símbolo de diversión y despreocupación... Pero, y por que no para trabajar?  Fue en ese momento, cuando me di cuenta que a pesar de que sentía que había superado lo que me hizo sentir en algún momento discriminada, o preocupada por lo que pensaran de mi color o característica,  me había metido en la casilla del como me debía ver para trabajar,  y como que así tan antillana, no encajaba.



Un poquito de nervio  (de como sería vista)  un poquito de atrevimiento  (una vicealcaldesa con trenzas!!!!)  un poquito de "y a mi que me importa", todo junto al final ha dado como resultado un re descubrimiento de mi negritud y una verdadera liberación, sí la del estereotipo de como me debo ver o como debo ser vista por los demás.  Además descubrí que es super práctico, económico, listo para toda ocasión y me hace sentir hermosa y poderosamente: afrodescendiente

Comparto hoy esta experiencia y que espero sirva de testimonio para tantas otras mujeres, que como yo, han sido influenciadas de una u otra forma por el "blanqueamiento social" y que al ahondar en sus raíces, se descubren  más fuertes y capaces de vencer los obstáculos que se interpongan en el camino entre la identidad y su propósito en la vida.



lunes, 22 de enero de 2018

LA POLLERA NOS LUCE A TODAS



Una de las experiencias vernaculares más
hermosas que he vivido, fue el pasado 13 de enero, me engalané con el traje típico nacional.  Gracias al amor maravilloso de una amiga que -no solo me motivó a empollerarme- sino que se encargó que luciera una de las polleras más hermosas que he visto y que estuviera impecable desde el peinetón, hasta la hebilla del zapato.  Ese día amanecí, como si me preparara para vestirme de novia; emocionada y sintiéndome privilegiada disfruté cada parte del proceso.

Refresqué el recuerdo (desde la época del  Teatro Tía Dora) sobre el sentido de cada una de las prendas y tembleques que adornan el hermoso traje nacional, mientras escuchaba la explicación de las mujeres, que junto a mi se engalanaban y del estilista folklórico que nos emperifollaba.

Varias horas después, ya lista, caminamos el pintoresco pueblo de Las Tablas y descubría fascinada que se convertía en la gran vitrina real, de toda clase de polleras -de las más variadas y coloridas-de camisillas, chinelas y sombreros. Hombres y mujeres de todas partes del país, aglutinados en el terruño santeño, disfrutando de una de las fiestas, que a mi juicio, es de las más lindas a nivel nacional.


Desfile de Las Mil Polleras, Las Tablas 2018
foto: Ilka Banfield

Para mi era la primera vez que lucía en propiedad, nuestro vestido de gala con todas las de la ley y tengo que confesarles, que nunca me sentí tan hermosa ni orgullosa de mi panameñidad.  Eso me hizo tener además un gran respeto y conciencia, que si bien era el traje nacional, representaba la cultura de una región del país, por ende tenía que llevarla con mucha dignidad y respeto de lo que refleja un intercambio cultural de más de 500 años de historia.





Terminando una jornada maravillosa, de tuna, baile en la calle, paseo en carroza, y disfrute de todo lo mejor de la tierra azuerense, recibo un mensaje que me invitaba a lucir para el próximo año una pollera congo para exaltar la etnia negra.  Sin mencionar el comentario del día siguiente de un inepto: "las polleras le lucen a las blancas, a ella no".  Relaciono ambos comentarios, si bien el primero bien intencionado y el segundo, no; ambos son diversas formas de racismo o segregación.  Quien dice que por ser negra, debo llevar una pollera congo? o que no puedo lucir una hermosa pollera de gala y seguir siendo orgullosamente negra?.
Desfile de Las Mil Polleras, Las Tablas 2018
foto: Ilka Banfield

Hace falta que nos incluyamos que nos sintamos todos un poco negros, un poco indígenas, un poco blancos... porque a fin de cuentas, de eso se trata la panameñidad.  La pollera congo, no es solo de las negras; la pollera montuna, no es solo de las campesinas, la pollera de gala, no es exclusiva de las blancas de Azuero.  Son patrimonio  de todas las mujeres nacidas en este terruño, nos une, nos embellece, nos enriquece culturalmente. Es nuestro traje nacional, nos representa, habla de nuestra identidad.

Desfile de Las Mil Polleras, Las Tablas 2018
foto: Ilka Banfield










No podemos hablar de inclusión si nos autosegregamos, no podemos hablar de identidad si no reconocemos de donde venimos, lo que somos y lo que nos representa.  La belleza de nuestra raza es precisamente, la fusión de muchas.  Y a final de cuenta, no conozco una mujer blanca, negra, india, de la raza que sea, que no se vea hermosa con nuestra pollera, con nuestro traje nacional.


Carta Abierta a Mi Hija (desde un Panamá minero)   Recuerdo como si fuera ayer, como me afané en que todo estuviese listo para cuando nacier...